Reseña: X-Factor No.42 (Marvel)
Martes, Abril 28 2009 Por: Legion
Escritor: Peter David; Arte: Valentine DeLandro y Marco Santucci; Portada: David Yardin y Nathan Fairbairn.
Uno de los mejores cómics que nos brinda Marvel comics cada mes, es sin duda X-Factor. Que para desgracia de la humanidad, no se encuentra en la lista de los más vendidos no es de sorprender a nadie, ninguno de los personajes que aparece en estas páginas es muy conocido y no caen en la categoría de asesinos seriales con garras o una vistosa calavera en el pecho. Es una verdadera lástima; ¡X-Factor está que arde!
Breve resumen: Madrox y Siryn (dos mutantes que forman parte de una agencia de investigación privada), estaban en la espera del nacimiento de su primer hijo, pero una vez nacido éste, una desgracia mayúscula e inesperada se suscita; por cierto, cuando digo “mayúscula e inesperada”, quiero decir: ¡Mayúscula e inesperada!
Acto seguido; Madrox ha terminado siendo un ermitaño, pero como suele pasar con su vida, las sorpresas y malas noticias no pueden parar de llegar. Layla Miller está de vuelta y si no sabes quién diablos es Layla Miller, amigo, hora de que te enteres.
Por un tiempo considerable, X-Factor era una serie que estaba volando bajo… casi al ras del piso. Afortunadamente, el escritor Peter David ha demostrado una vez más, porque es digno de la considerable fama que ya tiene y ha vuelto a colocar esta saga en un alto pedestal.
La cosa era relativamente simple en el mundo de X-Factor. Este grupo, opera a través de una agencia de detectives que se dedica a proteger e indagar en las vidas de los mutantes y ex mutantes del mundo. Son el centro de atención de una oficina gubernamental llamada O.N.E. que es su aliada y enemiga a la vez, en tanto trabaja protegiendo a los miembros de X-Factor, igual que los utiliza para cumplir sus objetivos.
Parecía que el cómic se había quedado estacionado en historias más bien simplonas, una vez llegado el famoso crossover Messiah Complex, pero repentinamente su mundo cambió y ahora el personaje principal, James Madrox, se encuentra en el futuro de Bishop, plagado de Sentinels y luchando por su vida al lado de la muy aterradora Layla Miller y la hija de Cyclops, Ruby Summers.
Sinceramente, no tengo palabras para describir con precisión porque esta serie es tan buena. Sin duda, está plagada de sorpresas verdaderamente impactantes; del tipo que te hacen babear y aferrarte duro a tu sillón. También cuenta con unos personajes intensos, todos interesantes y cargados de detalles que te mantienen a la expectativa, entre admirado por sus acciones y ocasionalmente aterrado también por éstas (como es el caso concreto de Layla Miller). Hay otros detalles; el cómic llega a ser muy cómico, los diálogos son fluidos y de más virtudes que la publicación tiene de sobra.
Pero, para ser concreto; ¿Por qué es X-Factor tan recomendable? Creo que sencillamente, porque ningún otro cómic en el mercado actual combina tan bien las ya mencionadas virtudes.
Claro que no todo puede ser perfecto. El arte interior requiere de mejores dibujantes que le pongan al debido nivel que se requiere, pues Valentine DeLandro y Marco Santucci, a pesar de que no son malos, están muy lejos de ser Juan José Ryp (No Hero ), Diego Greco (Bad Dog) o Gabriel Rodríguez (Locke & Key).
Rictor (uno de los miembros de X-Factor, el cual carece de poderes mutantes) hace un interesante descubrimiento. Un párroco, estuvo a punto de ser asesinado recientemente en su propio templo; ¿Qué es lo que hace de éste dato algo importante? Que el señor párroco, no es nada más ni nada menos que Madrox o al menos, uno de sus clones… que por cierto, a diferencia del James Madrox original, éste sí ha logrado tener un hijo.
Así que Rictor y Guido (el personaje súper fuerte y sarcástico del grupo) deciden investigar en secreto, debido a que Siryn no muestra ningún interés en la vida de su ex amado y se encuentra más ocupada con Valerie Cooper, comandante de O.N.E.
Cooper hace poco encargo una misión a X-Factor, la cual consistía en recuperar arsenal belicoso. Los miembros del grupo juzgaron que era mala idea entregar el equipo armamentístico al gobierno, por lo que Cooper no se encuentra de “buenas pulgas”.
Por otra parte, Longshot (un mutante de otra dimensión, con el poder de tener una cantidad absurda de buena suerte y mucha agilidad), se encuentra protegiendo la vida de una dama, que está bajo un extraño peligro. Hace poco, una de sus amistades que al igual que ella era un ex mutante, murió asesinada a manos de un homicida desconocido. La dama en riesgo, ha percibido que últimamente ha sido perseguida y ahora teme por su vida. Longshot es el único miembro de X-Factor que le cree y en este número, descubre que tenía buenas razones para confiar en el instinto de su protegida.
Pero el plato fuerte está con Madrox, en cual se encuentra atrapado en el futuro de Bishop con Layla Miller y Ruby Summers, la hija de Cyclops. Tras un encuentro con un grupo de Sentinels (robots homicidas de mutantes), Cyclops hace acto de aparición.
Peter David ha armado una saga interesante con los personajes desechados de otros títulos X. Este es el cómic de mutantes más consistente que tiene Marvel y quizás, el mejor, teniendo como principal rival a X-Force.
Sin embargo, la falta de protagonistas populares, un arte llamativo y un desarrollo de trama constante y agradable, ha hecho que el título no sea tan demandado como los demás cómics de los X-Men. Una verdadera pena, porque X-Factor es hoy por hoy toda una joyita, muy meritoria del agrado de los fans de hueso colorado.


