Reseña: Locke & Key Head Games No.1 (IDW)
Miercoles, Enero 28 2009 Por: Legion
Escritor: Joe Hill; Arte y portada: Gabriel Rodríguez.
El fantástico arte del dibujante chileno Gabriel Rodríguez, regresa al lado del afamado hijo del escritor Stephen King, Joe Hill, en la que es una de las historias más impactantes que fueron publicadas el año pasado. Esta sorpresiva secuela del original Locke & Key, nos adentra en el misterio sobrenatural que enlazaba el drama de la familia Locke y los condena a enfrentar más desgracias. Para quienes no tuvieron acceso al primer volumen de esta serie, éste es un cómic de adquisición obligatoria.
Locke & Key nos sorprendió a todos los lectores que tuvimos ocasión de conseguir una copia de esta publicación el año pasado, gracias al magnífico trabajo de uno de los mejores duetos que vio la industria en el 2008. Por un lado tienes al mismísimo hijo de Stephen King en su primera historia en formato cómic. Por otro tenemos a Gabriel Rodríguez, un artista que se dio a conocer gracias a su labor en el juego de cartas titulado Mitos y Leyendas. Ambos brindaron una calidad en diálogos e imagen inusual.
Joe Hill es un tipo que me simpatiza de entrada. Tratando de evitar jalar publicidad con base en el hecho de ser hijo del afamado Stephen King, eligió ocultar su parentesco. Hill ha ganado ya varios premios literarios como el British Fantasy Award o el World Fantasy Award for Novella, e inclusive, ha logrado poner su primera novela (Heart-Shaped Box) en la lista de bestsellers del New York Times, que aceptémoslo, no habla mucho de la calidad del escrito (de hecho, para mí es una alarma que me avisa que debo alejarme), pero sí repercute en una seria cantidad de plata para el autor.
Hill adolece al igual que su padre de implementar demasiados elementos fantásticos en su lectura y aunque éstos ocasionalmente funcionan para King, más de la mitad de las veces terminan siendo una secuencia de hechos disparatados y ridículos. Por otro lado, al igual que su padre, Hill sabe hacer conexión entre la audiencia y sus personajes en tanto los últimos sufren un sinfín de desgracias al estilo de Misery, The Shawshank Redemption y Dolores Claiborne, filmes que disfruté en demasía.
La primera parte de Locke & Key, narraba una historia de misterio y drama familiar que me resultó más atractiva por la crudeza de la trama y la empatía que me generaban los personajes, que por cualquier misterio sobrenatural inexplicable.
En sí, era la historia de una familia que había sufrido una gran desgracia el día en que el patriarca de ésta había sido asesinado por uno de sus estudiantes. El sufrimiento de los miembros de la familia Locke hacía conexión conmigo y es que, aunque nunca he sufrido una desgracia de tal magnitud, por fortuna que agradezco de corazón, yo al igual que muchos, presto oídos a los males que llegan a acontecer en la actualidad.
La trama sobrenatural siempre me pareció secundaria, era la visión de las víctimas lo que atraía mi atención y el negro porvenir que significaba el regreso del homicida de la serie. Al final de la primera parte de Locke & Key me llevé una dolorosa decepción, cuando Joe Hill decidió continuar con la trama en vez de cancelar el cómic.
Afortunadamente esto no ha resultado ser la desgracia que imaginaba y Hill por fin logró interesarme en el trasfondo mágico de la historia. No llega a los estándares que alcanzó a mitad de la publicación original, pero para eso tenemos al en verdad increíble Gabriel Rodríguez, que integra la trama con una serie de imágenes espectaculares.
Nos olvidamos por un tiempo del drama de la familia Locke y Hill centra su historia en un nuevo personaje, que hace memoria de eventos relacionados a los hechos suscitados en la saga anterior de Locke & Key; me refiero al profesor Joe Ridgeway, dedicado a la enseñanza de la literatura anglosajona y con una relación muy íntima a los acontecimientos que han disparado la serie de secuencias macabras que pueblan este cómic.
Ridgeway vive atormentado por la pérdida de su gran amor, hace ya varios años. De origen afroamericano, el profesor amaba a una mujer de tez blanca en medio de los últimos años de segregación racial en los Estados Unidos, época en la que tal relación era una afronta directa a la sociedad norteamericana. Esta última murió ahogada mientras jugaban ambos en la intimidad y desde entonces, Ridgeway vive en un trasfondo gris, inmutable al mundo que le rodea.
Pero Ridgeway no se encuentra senil, a pesar del paso de los años, y cuando ve al hijo mayor de los chicos Locke (Tyler), al lado de su amigo Zack Wells, reconoce en él al adolescente que desapareció hace décadas llamado, Lucas Caravaggio.
Ridgeway comienza a investigar la vida del supuesto Zack Wells, encontrando una serie de incongruencias en el historial que presentó a la universidad donde ambos asisten. Mientras tanto, Wells (o Caravaggio, como prefieran ustedes), instruye a la profesora de actividades físicas Ellie Whedon (con la cual vive y forma parte del misterio), a negar cualquier dato a Ridgeway.
Wells tiene en su posesión una misteriosa llave que abre puertas a cualquier lugar que él desee y así, orquesta el homicidio del viejo profesor. Ridgeway se encuentra descansando en la bañera cuando llega el asesino y lo que pasa a continuación, tendrá que ser develando por ustedes.
En una industria que tiende a encontrarse atrapada en medio de un género bien definido (el de los superhéroes), encuentro sumamente refrescante esta historia, que explora una faceta desconocida por muchos dentro del mundo del comic-book. Hill y Rodríguez logran estar a la par de cualquier otro equipo creativo de renombre por nuestros días y las grandes compañías en sus líneas más “adultas”, harían bien en tratar de jalar a este par de autores dentro de sus respectivas empresas, aunque sinceramente, supongo sería una desgracia pues se ve que la editorial IDW les ha dejado espacio para maniobrar a su gusto a ambos creativos.
Por último, hay serios planes de Dimension Films para explotar esta franquicia, así que mejor de una vez se acercan a este cómic antes de que un filme mega taquillero lo haga excesivamente popular y aleje a los autores del concepto original del cómic.


