Esos Comics de los 70
Por Alejandro, el 26 de Julio de 2008
La Comic-Con de San Diego nació como tal en la década de los 70. Muchos personajes clásicos y de culto fueron creados durante ésa década. Es por eso que el panel denominado “That 70’s comics” podría considerarse como una increíble colección de hombres que definieron los comics de esa época: Len Wein, Jim Starlin, Mike W. Barr, Paul Gulacy, Bernie Wrightson y Mike Grell. Este notable grupo contaba como con el comodín de todas las barajas de la Comic-Con -Mark Evanier- como moderador y “comicólogo” oficial.
Las anécdotas no se hicieron esperar. En muchos otros paneles moderados por Evanier, él simplemente servía como una especie de intérprete que “explicaba” a los no-iniciados quién era tal personaje o tal autor. En éste panel, sin embargo, Evanier fue el guía que dio algo de coherencia a lo que de otro modo hubiera sido una enorme miscelánea de anécdotas y divagaciones.
Hubo de todo tipo de historias durante este panel.
Incluso la más mundana de las anécdotas para ellos estaba plagada de nombres comiqueros famosos. Durante sus inicios, ellos pudieron tener contacto e instrucción -e incluso regaños- de parte de luminarias como Joe Orlando, Bob Kane, Carmine Infantino, Neal Adams, Jack Kirby, etc. Esta generación de autores, sin duda, es el puente que nos une a los comiqueros de hoy en día con la gloria de la Edad de Oro. Para el conocedor del mundo de las historietas, cada historia, cada comentario dicho por estos venerables señores era como la revelación de un pequeño pasaje en la historia del cómic.
Estos señores, siendo parte de la misma generación y colegas del mismo oficio, a menudo presentaban puntos de vista similares cuando respondían las preguntas de Mark Evanier. Cada respuesta estaba coloreada con el estilo personal de cada panelista, pero sus brújulas artísticas y morales generalmente apuntaban a la misma dirección cada vez que daban su opinión. Uno de los temas que más generó respuestas solidarias fue el de la Comic Code Authority. Todos tenían su pequeña historia de cómo burlaron a la censura, pese a la estricta vigilancia de aquel entonces.
El panel bien pudo haber durado una semana, si Evanier no le hubiese puesto un alto. Los panelistas del evento siguiente ya estaban en la puerta de la sala, y como la audiencia como los invitados de honor todavía tenían ánimos para seguir esa amenísima plática por horas, hubo que acabar súbitamente con el panel. Sin embrago, la gente estaba tan fascinada con el evento que bien pudo haber seguido durante lo que restaba del día, sin importar si los asistentes estuvieran sentados en piso de algún pasillo.


