¡Corre, Melos!
Viernes, Diciembre 29 2006 Por: Alejandro
En la antigua Grecia, existió un hombre sencillo llamado Melos. Lo único que Melos quería era ir a la ciudad de Siracusa para comprar una espada ceremonial (o sea, sin filo) para la boda de su hermana, pero sin sospecharlo, se volvió víctima de la paranoia del rey, quien lo sentencia a morir por su osadía de pasear por los jardines del palacio real portando un arma (ceremonial o no). Melos, resignándose a su suerte (pero no a faltar a la boda de su hermana) le suplica al rey permiso para ausentarse de Siracusa durante sólo tres días para asistir a la boda, para después regresar a cumplir su castigo. El rey, siendo un hombre cínico, aprovechó la situación para probar su filosofía personal ante su pueblo: que en este mundo, no se puede confiar en nadie. El rey le da permiso de ir a Melos, si logra encontrar a alguien dispuesto a sufrir su castigo, en caso de no regresar en el plazo señalado. Un escultor de nobles sentimientos llamado Selinae se entera de esto, y se ofrece voluntariamente para morir, en caso de que Melos faltara a su palabra. Selinae también quere demostrar su propia filosofía: Que la confianza es lo más precioso de la vida. Melos, con la vida de Selinae en sus manos, debe recorrer el trayecto más difícil de su vida, por algo que literalmente es un asunto de vida o muerte, poniendo a prueba la fuerza de sus piernas, su tenacidad y su espíritu. Los directores japoneses Tomoharu Katsumata y Masaaki Osumi relataron esta misma historia (llamada Hashire Melos en su lengua original) en diferentes fechas: Katsumata en 1981, y Osumi en 1992. Ambas versiones son recomendables, pero la mejor animación, sin duda, es la de la versión de Masaaki Osumi.



